Tras una semana en medio del ojo de la tormenta: con destituciones, juntas extraordinarias y el regreso a la Ciudad de México, Cruz Azul enfrenta la jornada 17 del CL26 recibiendo a los Rayos del Necaxa.
Cae la tarde en Santa Úrsula y la afición de Cruz Azul, esa que en gran número se vió obligadad a distanciarse de su equipo por la mudanza a Puebla, comienza a llegar a las inmediaciones del Estadio Banorte, con la ilusión de volver a ver a su equipo y de llevarse una grata sensación de cara al inicio de lo verdaderamente importante: La Liguilla.
Cruz Azul llega con una inercia negativa, ubicado como 5to general pero a sabiendas de que el triunfo los coloca en el 3er puesto, enfrentando a los rojinegros del Atlas en cuartos de final. 9 juegos sin ganar y la destitución de Nicolás Larcamón del banquillo celeste, esa la actualidad en La Noria, que hoy, además, buscan terminar como líderes de la tabla anual, coronándose como el equipo de la temporada y consiguiendo el premio del millón de dólares. Esa es la encomienda de Joel Huiqui en su debut como técnico celeste en primera división.
ARRANCABAN LOS ÚLTIMOS 90′ DEL TORNEO REGULAR
El sol caía al sur de la Ciudad de México, Celestes y Rayos saltaban a la cancha del próximamente 3 veces mundialista Estadio Banorte, cuando el reloj marcó las 7:00 de la tarde, Iván Antonio López hacía sonar su silbato y decía que era hora de que la pelota comenzara a rodar.
De inicio, era evidente que Joel Huiqui cambiaba el sistema a una línea de 4, alejado de lo que comúnmente presentaba el cuadro celeste. Pasaban los minutos y La Máquina parecía no encontrarse, los Rayos le quitaban la pelota y Cruz Azul se sentía incómodo, y su gente lo notaba.
No hubo más que un acercamiento al arco hidrocálido, cuando tras 45 minutos, el silbante decía que era hora de ir al entretiempo. La nación celeste estaba inconforme con lo que veía en el campo, y los abucheos eran muestra clara de ello.
Nada para nadie en los primeros 45′, y a Cruz Azul le comenzaba a jugar en contra el reloj. El ambiente en el Banorte era de incertidumbre, pues parecía que el equipo iba a la deriva en la antesala de la fiesta grande por el título.
TENSIÓN Y DUDAS EN EL AMBIENTE
Con todo y el mar de dudas, volvían los equipos al campo y el silbato de Iván Antonio López decía que el balón tenía que rodar, arrancaban los últimos 45 minutos del torneo regular, y para Cruz Azul era matar o morir. Y pareciera que en escenarios de presión es cuando los grandes resucitan, pues luego de una falla del tamaño del Coloso de Santa Ursula, José Paradela, a pase de Rodolfo Rotondi mandaba el balón a las redes, la afición lo gritaba y parecía que Cruz Azul se reencontraba.
Y producto de la euforia y moméntum en favor de los celestes, tan solo 10 minutos después, la “doble P” se hacía presente, pues Agustín Palavecino mandaría el balón al poste, para después entrar y subir al marcador, ambos argentinos pedían perdón por la anotación a su ex equipo y le daban la doble ventaja a La Máquina, que quería recobrar la memoria y reconectar con su gente.
Pero como todo buen villano, aparece cuando todo pinta color de rosa. Minuto 75’ y el VAR decía que hay penal favorable a los Rayos, el Banorte se volcaba a favor de Kevin Mier, pero ni con el grito de las 20,000 almas que se dieron cita sería suficiente para que Monreal acercara a los de Aguascalientes. Descontaba Necaxa.
Fue entonces cuando Joel Huiqui comenzaba a mover sus piezas: Luka Romero, Amaury Morales y Christian Ebere saltaban al campo con la misión de refrescar al equipo y llevar la victoria a casa. Y de inmediato se hacían notar, pues luego de un balón en largo de Kevin Mier, Christian Ebere aguantaba los embates de los defensores hidrocálidos, salía avante y se ponía frente a Unsaín, parecía que el ‘11’ celeste lo liquidaba, pero Emilio Lara se jugaba al vida y cometía la falta, falta que le costaba la tarjeta roja, dejando a su equipo con uno menos, pero apostando porque el sacrificio no fuera en vano.
Desafortunadamente para Lara, Luka Romero tomaba el balón en el borde del área, y derivado de esa falta, mandaba el balón a la escuadra, un gol de esos que cada vez son más escasos en el futbol moderno, esos que se intentan cien veces y solo una tiene éxito. El ‘18’ de La Máquina hacía explotar el Estadio Banorte y le devolvía la doble ventaja a Cruz Azul con un gol de antología.
La noche era perfecta para la nación celeste, cánticos, buen futbol, regreso a la Ciudad de México y un equipo que parecía recobrar la memoria en el momento más importante.
LA EUFORIA CELESTE
Y cuando parecía que el partido se acababa, Rodolfo Rotondi robaba un balón en campo propio, salía en contragolpe a toda velocidad y ponía un pase filtrado para el ‘10’, Andrés Montaño recibía, encara y se genera la ventaja, para con un disparo de billarista vencer a Unsaín y poner el último clavo en el ataúd hidrocálido.
Santa Úrsula es una fiesta, la gente canta, la nación azul está ilusionada, su equipo da señales de vida y Joel Huiqui, tras el silbatazo final, le da a Cruz Azul el triunfo que representa llevarse el reconocimiento del equipo de la temporada por segundo año consecutivo, y con ello, el millon de dólares.
Resultado que dentro de la lógica parece raro, pero los que convivimos con este deporte a diario, sabemos que el futbol en la inmensa mayoría de escenarios no entiende de guiones, de lógica o de razones, y hoy, Cruz Azul demostró eso, hoy La Máquina demuestra que aunque la lógica y la razón no estén a su favor, es capaz de sacar el barco a flote, por orgullo, por identidad o por amor propio, y eso fue lo que hoy se contagió desde el banquillo celeste.
La afición de Cruz Azul hoy duerme tranquila, con la esperanza y fé de que su equipo dé un batacazo a la altura de su escudo, hoy la gente tiene ilusión, porque el corazón tiene razones que la razón no entiende.



