Durante décadas, el fútbol femenil en México tuvo que crecer en silencio, abriéndose paso ante prejuicios y barreras que parecían inquebrantables. La idea (lamentablemente vigente) de que este deporte fue hecho para hombres ha frenado constantemente su avance, mermando las esperanzas de varias jugadoras que han soñado con vivir de su pasión.
A pesar de las condiciones, varias mujeres se han atrevido a desafiar esas reglas impuestas injustamente por la sociedad. Nombres como Alicia Vargas, Guadalupe Tovar y Maribel Domínguez allanaron el camino. Pero también está Mónica Ocampo, quien tuvo que pasar su niñez jugando a escondidas para evitar ser regañada por su padre, y que años más tarde terminaría escribiendo su nombre en la historia de los Mundiales.
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¿Cómo fue la infancia de Mónica Ocampo?
Los inicios de Mónica Ocampo en el fútbol fueron complicados. Su pasión por el balompié nació cuando solo tenía 6 años, edad en la que comenzó a jugar en su primer equipo mixto en una liga local de Tehuixtla.
Todos los que la veían jugar estaban convencidos de algo: Mónica tenía un talento excepcional. Conducía el balón pegado al pie, era muy veloz y tenía un golpeo descomunal. Lamentablemente, todo lo debía hacer a escondidas, pues su padre, Raúl Ocampo, creía que el fútbol no era para niñas.
Por fortuna, su madre y hermanos fueron vitales para ocultar su secreto. Además, su padre era trailero y pasaba mucho tiempo en carretera. A pesar de que todos los factores parecían alineados, todo terminó saliendo a la luz.
Según relata Mónica, el entrenador del equipo era amigo de su padre, y un día que se encontraron en la iglesia, él lo invitó a que fuera a ver la final que jugaría su hija ese mismo día. Esto lo enfureció y terminó por regañar a toda su familia.
Tras su enojo, lograron convencerlo de ir a ver el partido. Afortunadamente, Mónica jugó un gran encuentro y ganó la final. A partir de ahí, su padre la acompañó en todo momento.
Ocampo continuó persiguiendo su sueño a pesar de todos los comentarios que recibía. En sus partidos, los propios padres de familia de los equipos rivales comenzaban a gritarle cosas machistas. Aun así, Mónica respondía en el campo.
Y el resto… es historia.
¿Cómo fue la carrera de Mónica Ocampo?
Mónica Ocampo es una exfutbolista mexicana considerada como una de las figuras más importantes en el crecimiento del fútbol femenil en el país.
Su nombre comenzó a conocerse en el Mundial Sub-20 de 2006. Tras ese torneo, la FIFA la reconoció como una de las 20 mejores futbolistas del mundo, consolidando la realidad que estaba viviendo la nacida en Jojutla, Morelos.
Al mismo tiempo, comenzó su etapa en Estados Unidos. Arrancó jugando con el FC Indiana de la W-League. En 2010, logró llegar a la WPS al ser fichada por el Atlanta Beat, donde solo disputó 17 partidos y anotó 3 goles. A pesar de ello, su nombre volvió a ser tema de conversación un año después, cuando disputó la Copa Mundial Femenina de Fútbol de 2011.
A pesar de que México no logró pasar de fase de grupos, Mónica mostró su habilidad cuando se enfrentó a Inglaterra. Mientras transcurría el minuto 32 del partido, la mexicana lanzó un derechazo potente desde más de 30 metros que batió la portería de Karen Bardsley. La magnitud del gol fue tal que, en 2019, la FIFA reconoció la anotación como la mejor en la historia de los mundiales femeninos.
En 2013, fichó por el Sky Blue FC de la NWSL, donde se convirtió en Bota de Oro, solo para regresar a México en 2014 y continuar su carrera en el semi profesionalismo y la talacha.
Fue hasta 2017 cuando Ocampo por fin pudo jugar de manera profesional en su propio país. Ese año comenzó la Liga MX Femenil, y tras la invitación de la entrenadora Eva Espejo, Mónica se convirtió en jugadora de las Tuzas del Pachuca.
A finales de 2025, anunció su retiro del fútbol profesional, no sin antes haber sido seis veces campeona de goleo, y de haber levantado una liga, una copa y un Campeón de Campeonas.






